Mi primoncio Juanfer demostró su
buen gusto vacacional cuando decidió acompañarme en mi ruta por Mallorca
durante la última de semana de trabajo que me quedaba en las islas. La primera noche decidimos dormir haciendo
camping en el único espacio habilitado para ello en la isla. Nos perdimos mil y una veces, y pasamos un
miedo avergonzante, con carreteras desiertas llenas de cabras fantasmagóricas,
albergues abandonados con espíritus dentro, y cosas por el estilo que contaré
en otra Mariada.
Casi a medianoche encontramos el
área de acampada, y al no tener luz en ella, decidimos montar la tienda de
campaña junto a una farola en el exterior, y luego transportarla dentro. En eso estábamos, cansados y extenuados por
todo el día de curro, cuando apareció un grupo de chavales achispados que volvían
de juerga e iban a hacer cámping por primera vez en su vida. Como seres civilizados que éramos, esto es,
no en estado etílico, les ayudamos a montar su tienda. Y después, por fin, movimos la nuestra hasta
la zona en la que habíamos decidido dormir dentro del camping.
Yo estaba agotada, así que creo
que caí como un tronco nada más echarme, pero por lo visto mi primo siguió
desvelado. Hasta ahí nada relevante para
mí. Pero a media noche, los medio
juramentos de Juan me sacaron abruptamente de mi sueño, y me dio el tiempo
justo para verle salir de la tienda y dirigirse a la nada, con un discurso en
voz cabreada y a duras penas contenida acerca de las normas que rigen un
camping, o lo que es lo mismo, el CIVISMO (y lo recalco porque fue la palabra
triunfadora de la noche) que debe imperar entre los campistas. Dicho lo cual, volvió a meterse en la tienda. Yo estaba totalmente estupefacta.
A esto siguieron unos segundos de silencio total en la noche y entre nosotros, mientras yo intentaba procesar medio dormida lo que acababa de pasar; y en el mismo momento en el que iba a preguntarle de qué iba todo aquello, oí unas risas de fondo: “Civismo….jjijijijijji…. Civismo dice, jijijijijijiji…..”
A esto siguieron unos segundos de silencio total en la noche y entre nosotros, mientras yo intentaba procesar medio dormida lo que acababa de pasar; y en el mismo momento en el que iba a preguntarle de qué iba todo aquello, oí unas risas de fondo: “Civismo….jjijijijijji…. Civismo dice, jijijijijijiji…..”
Durante los primeros cinco
minutos no reaccioné, mientras mi primo se revolvía en su saco repitiendo
cabreado “y encima se ríen!!!”…
finalmente en la tienda de al lado explotaron, y directamente nos
llegaron carcajadas monumentales con intentos de imitación del discursito
ofendido de mi primo. Empecé a reirme
con ellos, sin poder evitarlo, y al final incluso Juan se rió. Y menos mal
que reaccionó con humor, porque la cosa no paró hasta pasado un buen rato. Por supuesto, los que no habían dejado dormir
hasta entonces a mi primo ni a medio cámping eran los borrachillos a los que
habíamos ayudado a montar la tienda, que como pago y agradecimiento habían
decidido ponerse justo al lado nuestro en el cámping, y regalarnos la noche con
su juerga etílica. Y con una gran
imitación de mi primo y sus opiniones acerca de la convivencia campista!
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