domingo, 5 de febrero de 2012

Cequinceando en dirección contraria!


La mariada que voy a contar ocurrió una noche de cena cualquiera con mis amiguetas de Luesia.  Sólo que esta vez la quedada era en Zaragoza, en un día áspero del invierno.  Después de cenar por el centro debíamos encontrarnos con la parte masculina de la peña, en la zona universitaria de la ciudad, algo lejos de nuestro restaurante.  Por aquel entonces de todas las amigas sólo yo tenía coche, mi destartalada pero esforzada c15, auto silencioso de hacía veinte años, como se podía leer en una pegatina descolorida que tenía en su portón. 
                Por aquel entonces mi parking particular en Zaragoza eran las inmediaciones de la Plaza de los Sitios, y allí tenía aparcada mi c15 esa noche de cena.  Cerca de la medianoche nos montamos todas en la furgo, conmigo al frente, para acudir donde estaban los chicos esperándonos.  Mis amigas iban todas un poco alocadas, gritando y haciendo el tonto,  y debo admitir que iba más pendiente de ellas que de la conducción…  pero de madrugada por Zaragoza no es que haya mucho tráfico, no?  De repente, la más centrada de mis amigas, Vicky, me grita: pero que esta calle es dirección prohibida!!! Automáticamente todas empezaron a alarmarse, y el  nivel de aullidos dentro de la furgoneta alcanzó máximos históricos mientras yo, como conductora eficiente que soy, evaluaba la situación.  Decidí que se trataba de una calle de un solo carril, corta, y sin mayor trascendencia, por lo que con tranquilidad les acallé diciendo: Tranquilas, que la calle se acaba enseguida. 
Aún hoy sigo sin entender cómo con esa simple frase conseguí que enmudecieran todas de golpe, y tampoco comprenderé nunca que me mirasen como si fuera un gato con tres patas… A fin de cuentas yo tenía razón, y la calle en dirección prohibida se acabó antes de que ningún coche viniera de frenteJ

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