En el verano del 2009 pasé un mes recorriéndome con mi coche las islas Baleares, catalogando arqueologadas. Durante el último fin de semana de mi periplo por las islas, me encontraba en Palma de Mallorca, de okupa en casa de una familia amiga, con mi primoncio Juan como paquete en la última semana de mi viaje.
Viajábamos con la casa a cuestas, mi pequeño coche convertido en un caparazón de caracol... así que poco antes de tomar el ferry de vuelta a la península, aprovechando un momento de soledad en la calle mientras hablaba por el móvil, decidí ir tirando basurilla almacenada del coche al contenedor más cercano. En esas estaba, atenta a mi conversación telefónica, cuando, al dejar caer la porquería dentro del contenedor, ví un destello que se perdía con ella... y automáticamente pensé: las llaves del coche!!
Exacto, las llaves del coche, y sin copia de seguridad. Me asomé al contenedor, pero estaba prácticamente vacío y no podía alcanzarlas con un mínimo de dignidad... Miré implorante a un chaval que pasaba por la acera, y que automáticamente apartó la vista de mí con cara de disgusto-repugnancia. Me dí cuenta entonces de que una chica con vestido playero metida de cabeza en un contenedor agitando las piernas en el aire no era lo que quería para mi vida, así que busqué la solución perfecta. Llamé con el móvil a mi primo, que se encontraba dentro de la casa de la familia que nos acogía esos días, y le pedí que saliera. Apareció en la puerta, con cara de no entender nada, mientras yo le hacía gestos de llamada parapetada detrás del contenedor... Así que mis llaves fueron rescatadas por mi primoncio favorito, que se metió de cabeza y hasta la cintura dentro del contenedor por mí! A cambio me gané una de las miradas más exasperadas de toda la humanidad, y la seguridad de que siempre va a pensar de mí que soy un desastre integral;)
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